El vacío del domingo por la tarde: cuando el éxito no basta

a desk in an office

A ver, piensen en esto por un segundo. Domingo, siete de la tarde. El silencio de la casa se vuelve casi ensordecedor y, de la nada, aparece esa presión incómoda en el pecho. No es cansancio del cuerpo. Qué va, si te pasaste el día durmiendo. Es algo más profundo, una especie de vértigo. Lo veo a diario: personas que facturan millones pero que, al apagar la laptop el viernes, se desarman por completo. Viktor Frankl ya lo diagnosticaba el siglo pasado en El hombre en busca de sentido (1946) como la “neurosis dominical”, ese vacío que nos da en la cara cuando el activismo frena y nos quedamos a solas con nosotros mismos. Qué ironía, ¿no? Triunfar afuera para temblar adentro.

La trampa actual es que confundimos el agotamiento físico con la falta de brújula. Nos autoengañamos diciendo: “Es que el trabajo me quema”, porque admitir el sinsentido da pánico. Nos llenamos de metas —el auto nuevo, el ascenso, el máster— para no ver el abismo. Como bien apunta Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio (2010), hoy nos autoexplotamos voluntariamente bajo la bandera de la autorrealización. Corremos en una cinta que no va a ningún lado. El problema no es la agenda llena, sino el alma que se quedó vacía a mitad de camino. Al final del día, quizás toque entender que el éxito sin propósito es solo el más elegante de los escondites.

Bibliografía

  • Frankl, V. (1946). El hombre en busca de sentido. Herder.
  • Han, B.-C. (2010). La sociedad del cansancio. Herder.

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *