El arte de sonreír sin ser un autómata

black and white photo of a man showing a sign with his hand

A ver, seamos sinceros. El optimismo actual vende una felicidad barata, casi de manual de autoayuda que encuentras en liquidación. Nos bombardean con ese mantra de “vibra alto” que, francamente, a veces molesta. ¿Se puede ver el vaso medio lleno sin perder las neuronas en el intento? Yo creo que sí, aunque cuesta una fortuna no caer en la bobería.

La trampa del positivismo tóxico

Negar el barro es de necios. El optimismo ciego, ese que ignora el dolor ajeno y propio, no es fe; es anestesia. Como bien anotaba Barbara Ehrenreich en su demoledor libro Sonríe o muere, la insistencia corporativa en el pensamiento positivo puede volverse una tiranía Cruel. Forzar una sonrisa cuando todo se desmorona —una ruptura, perder el empleo— es, digámoslo claro, una falta de respeto hacia nuestra propia humanidad.

El anclaje en el barro de la realidad

Para que la esperanza tenga dientes, debe morder la realidad. Ser optimista inteligente implica mirar el abismo, reconocer que está ahí —oscuro, profundo— y, aun así, decidir dar un paso hacia adelante. No es magia. Es una postura casi terca ante la vida. Viktor Frankl, en El hombre en busca de sentido, lo resumió magistralmente al hablar de la “trastada” que es vivir en condiciones extremas y cómo la última libertad humana es elegir nuestra actitud. Si él pudo buscar luz en un campo de concentración, ¿qué nos pasa a nosotros cuando se cae el internet?

La acción como el único antídoto real

La diferencia entre el optimista superficial y el resiliente es que el segundo se ensucia las manos. Las palabras bonitas en Instagram no cambian realidades; la acción minúscula y cotidiana sí. Quizás la clave sea adoptar un optimismo trágico: aceptar el caos, pero trabajar como si importara. Menos postureo, más asfalto.

Al final, supongo que la madurez es eso. Descubrir que la alegría no es la ausencia de problemas, sino la sutil y rebelde capacidad de encontrar belleza entre las grietas del día a día, sin necesidad de andar vendiendo humo a nadie.

Bibliografía

  • Ehrenreich, B. (2011). Sonríe o muere: Cómo el pensamiento positivo engañó al mundo. Turner.
  • Frankl, V. E. (2015). El hombre en busca de sentido. Herder Editorial.

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *