¿Cupido usó un GPS o tiró una moneda al aire? La correcta elección de pareja

black and white photo of a couple standing face to face

A ver, seamos honestos. Nadie tiene la receta mágica para esto, y quien te diga lo contrario probablemente te esté vendiendo un curso de autoayuda en Instagram. Pero hay días —esos martes lluviosos donde una discusión tonta por quién saca la basura se siente como el fin del mundo— en los que uno se cuestiona seriamente: ¿le habré pegado de lleno con esta persona o me equivoque? Elegir con quién compartir el pan y la cama no es cualquier cosa.

Lo insólito es que seguimos tropezando con la misma piedra superficial. Nos obnubila la química inicial —esa chispa arrolladora que te vuela la cabeza—, el estatus social, o simplemente el pánico atroz a quedarnos solos viendo series el fin de semana. Error garrafal. El sociólogo Zygmunt Bauman ya lo avisaba bastante bien en Amor líquido cuando decía que «las relaciones son como las mercancías: se consumen y se desechan con la misma rapidez». Si basas tu decisión en la adrenalina del principio o en que “encaja bien con mi grupo de amigos”, estás construyendo un castillo sobre arena movediza.

Entonces, ¿qué sí importa cuando baja la espuma? Yo creo que la clave está en el aburrido (pero milagroso) terreno del día a día. Los mejores criterios son silenciosos: la compatibilidad de valores fundamentales, la capacidad de resolver desacuerdos sin destruirse la autoestima mutuamente y, sobre todo, sentirte en paz. Erich Fromm lo sintetizó perfecto en El arte de amar: «El amor infantil sigue el principio: “Amo porque me aman”. El amor maduro obedece al principio: “Me aman porque amo”». Se trata de admirar al otro, sí, pero también de tolerar sus manías sin querer cambiarlo a martillazos.

En fin, la respuesta no te la va a dar un test de internet ni el algoritmo de Tinder. Quizás saber si es la persona correcta sea simplemente darse cuenta de que, aun conociendo sus peores miserias y habiendo visto su peor versión un lunes a la mañana, eliges quedarte a tomar un café y seguir charlando del futuro.

Bibliografía

  • Bauman, Z. (2005). Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Fondo de Cultura Económica.
  • Fromm, E. (1956). El arte de amar. Paidós.

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