No buscas construir una fortaleza para proteger tu valor; buscas recordar que ya eres la tierra firme. La autoestima no nace de convencerte con palabras vacías frente al espejo, sino del trato que te das en el silencio de tus errores. No la trabajas buscando aplausos ajenos, sino cumpliéndote las pequeñas promesas diarias: descansar a tiempo, poner un límite o levantarte tras caer. Es como afinar un instrumento: requiere paciencia cotidiana, no fuerza bruta. Deja hoy mismo de evaluarte como a un extraño severo y empieza a tratarte como al amigo más leal que jamás tendrás.
Juan Manuel Sayago



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