A ver, piénsalo un segundo. Vas por la calle, alguien se da un golpe tremendo en la espinilla contra una maldita esquina y, de repente, ¡pum!, sientes un pinchazo idéntico en tu propia pierna. Qué cosa más rara, ¿no? No te pasó a ti, pero tu cuerpo jura que sí. Eso que la ciencia llama pomposamente “empatía” no es un invento de los libros de autoayuda ni una postura políticamente correcta para quedar bien en LinkedIn. Es cableado puro, biología pura y dura. Nos pasa a casi todos, bueno, menos a los psicópatas, claro.
Mucha gente confunde la empatía con la lástima, y la verdad es que no tienen nada que ver; la lástima mira desde arriba, con una condescendencia que a veces apesta, mientras que la empatía te obliga a bajarte al barro con el otro. Como bien decía el psicólogo Carl Rogers en su obra El proceso de convertirse en persona, ser empático significa “entrar en el mundo privado del otro y sentirse totalmente en casa en él”. Pero ojo, que meterse ahí tiene su peligro. Si te descuidas, terminas ahogándote en un vaso de agua que ni siquiera es tuyo, un fenómeno que en psicología conocen de sobra como fatiga por compasión.
La trampa del exceso de equipaje emocional
Aquí viene lo complicado del asunto. Hay días en los que uno simplemente no tiene espacio mental para nadie más. Estás hasta el cuello de deudas, el tráfico es un caos insufrible, y encima tienes que aguantar el drama de tu compañero de oficina. Suena egoísta, lo sé. Pero es que la empatía consume energía, y de la buena.
“La capacidad de colocar de un modo consciente la propia atención en el otro… es la base del amor y de la compasión” — Daniel Goleman, Focus.
Si no ponemos un filtro —una especie de aduana emocional— nos convertimos en esponjas andantes, absorbiendo la negatividad ambiental hasta colapsar. Al final, para sobrevivir en este mundo desquiciado, un poquito de desapego saludable no le viene mal a nadie.
Bibliografía
- Goleman, D. (2013). Focus: El motor oculto de la excelencia. Editorial Kairós.
- Rogers, C. (1961). El proceso de convertirse en persona. Paidós.



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