«No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles; son difíciles porque no nos atrevemos», recordaba Séneca. Durante años creí que madurar era un proceso natural del tiempo, hasta aquella tarde en que postergar una renuncia necesaria paralizó mi propia vida. Comprendí entonces que la juventud se prolonga no por inocencia, sino por miedo al costo de elegir. Crecer no consiste en acumular años ni certezas intactas, sino en asumir el dolor fecundo de cerrar caminos para afirmar uno solo. Decidir es el acto sagrado de dejar atrás la promesa abstracta de ser todo, para tener la valentía de ser alguien.
Juan Manuel Sayago



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