Sobre la Desilusión…


«El hombre se ve perturbado no por las cosas, sino por la opinión que tiene de ellas», recordaba Epicteto. Tardé años en comprenderlo, acumulando quimeras juveniles que se desmoronaban como castillos de arena ante la menor brisa cotidiana. Cada derrumbe me parecía un castigo cruel, hasta que advertí que la decepción no aniquila la vida: simplemente disipa el espejismo. Al quebrar nuestras frágiles fantasías, el alma queda desnuda frente a lo eterno y la gracia de lo real. Lejos de ser una condena trágica, el desengaño es el umbral necesario donde muere la vanidad y despierta la verdadera serenidad.

Juan Manuel Sayago

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