Sobre las heridas…

Toda herida, por profunda que arda, no es más que la sombra de un amor que habitó en ti. Nadie sufre por lo que le resulta indiferente; el dolor solo encuentra asiento donde antes hubo entrega, confianza o anhelo. Igual que la arcilla solo se quiebra cuando el fuego intenta darle forma, tu corazón no se rompe por malicia ajena, sino por haber tenido el coraje de abrirse por completo. No maldigas tus cicatrices: no son marcas de derrota, sino la prueba irrefutable de que fuiste lo bastante valiente para amar.

Juan Manuel Sayago

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