¿Cuándo fue la última vez que escuchaste a alguien sin preparar tu respuesta en silencio? Escuchar no es simplemente tolerar que el otro hable; es hacerle un lugar limpio en tu propia casa interior. Cuando callas tus juicios y recibes su voz tal como viene, le otorgas el mayor acto de respeto posible: reconocer que su experiencia del mundo es tan sagrada y real como la tuya. No intentes corregir su dolor ni apresures tus sabios consejos. Quien se siente verdaderamente escuchado encuentra, por fin, el sosiego de saber que no está solo en el camino.
Juan Manuel Sayago



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